Resurrección artificial: la polémica app que nos permite hablar con los muertos

No sabríamos qué opinaría hoy Thomas Edison si supiera que uno de sus experimentos más ambiciosos – la posibilidad de hablar con los muertos- se está convirtiendo en una realidad; pero, al parecer, ya se lo podemos preguntar

La Inteligencia Artificial llegó para cambiarnos la vida, y es probable que, en los años venideros, cambie también radicalmente -para bien o para mal- el concepto que tenemos sobre la muerte.

Desde tiempos inmemoriales los seres humanos anhelamos seguir en contacto con nuestros seres queridos después de su desaparición terrenal, ya sea a través misas y/o rituales mágicos, o hasta las excéntricas “médiums” contemporáneas que afirman tener línea directa con el más allá.

La Inteligencia Artificial viene, sobre todo desde la última década, reconfigurando el ecosistema tecnológico a nivel global, estamos asistiendo a un cambio de paradigma equiparable al nacimiento de la imprenta o la irrupción de Internet, y sus tentáculos llegan a cuestionar, incluso, el concepto de mortalidad, tal como lo conocemos.

Es en este contexto, de crecimiento exponencial, que numerosos programadores de IA están empezando a innovar con tecnologías, de resurrección digital, que nos permiten interactuar con nuestros seres amados fallecidos, recreando, digitalmente, no solo su voz; sino también su forma de expresarse y hasta su personalidad.

La aplicación coreana “Rememory” almacena recuerdos digitales y ofrece mensajes y videos a través de dispositivos móviles en tiempo real, mediante una pantalla de realidad aumentada. La empresa trabaja con distintas funerarias para brindar un servicio tan innovador como polémico. Estos avances generan debates sobre la privacidad, la dignidad póstuma y los derechos de propiedad intelectual.

Los “robots de duelo” se crean a partir de la huella digital del fallecido -contenido en redes sociales, mensajerías, correos electrónicos-, que es procesada por una red neuronal, para aprender a imitar su comportamiento y su forma de pensar.

La revista Forbes, en un artículo reciente, planteaba que, el vertiginoso desarrollo de la IA, obligará a que en el futuro las últimas voluntades y los testamentos incluyan cláusulas manifestando el consentimiento (o la disconformidad) para crear “deadbots” con nuestra información personal.

En un episodio de la aclamada serie Black Mirror (“Be Right Back”) una mujer, para seguir en contacto con su novio muerto, se instala un dispositivo, alimentado por fotografías y vídeos, que le permite comunicarse con él. La última fase consiste en la creación de un clon idéntico a su pareja desaparecida, una IA capaz de hablar, caminar, reaccionar y comportarse como una persona de carne y hueso.



El duelo en la era de la Inteligencia Artificial

Por un lado, puede resultar reparador tener la posibilidad de seguir interactuando con nuestros seres queridos después de su muerte, pero también puede patologizar el proceso natural de duelo de una persona, con el riesgo que conlleva generar una dependencia emocional.

Cada individuo tiene una forma particular de transitar su duelo y estas aplicaciones pueden cambiar la manera de asimilarlo. La doctora en Psicología, Belén Jiménez, de la “Universitat Oberta de Catalunya”, advierte que “es imprescindible velar por el respeto y la dignidad de la persona fallecida, como por el bienestar psicológico del usuario”.

Los que tienen una visión apocalíptica de esta tecnología disruptiva advierten que los servicios de resucitación virtual, sin un marco regulatorio apropiado, podrían ser utilizados por las empresas para bombardear a personas vulnerables con anuncios publicitarios, deteriorando significativamente su salud mental.

El desarrollo de estas aplicaciones es incipiente pero el debate ya está instalado. Geoffrey Hinton, el padrino de la Inteligencia Artificial, sostiene que, “aunque actualmente las máquinas no superan a los humanos, es posible que en el futuro lleguen a hacerlo. Por eso, recomienda la creación de una normativa para la Inteligencia Artificial que establezca los criterios de responsabilidad que las empresas deben seguir al adquirir usuarios”.

La importancia de vivir el presente radica en ser conscientes de que nada será para siempre y que, cada instante, es tan fugaz como irrepetible. Tal vez, alterar los duelos vitales de la existencia, con robots sin emociones, no sea una buena idea, y traiga más desasosiego que consuelo. Sería conveniente poner la tecnología al servicio de mejorar la vida de las personas, y dejar a la muerte tranquila, por lo menos por un rato.

 


 

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